{1:1} HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, {1:2} Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; {1:3} Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo, {1:4} Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado. {1:5} HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet. {1:6} Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor. {1:7} Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días. {1:8} Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez, {1:9} Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor. {1:10} Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso. {1:11} Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso. {1:12} Y se turbó Zacarías viéndo le, y cayó temor sobre él. {1:13} Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan. {1:14} Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento. {1:15} Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre. {1:16} Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos. {1:17} Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido. {1:18} Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días. {1:19} Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas. {1:20} Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo. {1:21} Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo. {1:22} Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y él les hablaba por señas, y quedó mudo. {1:23} Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa. {1:24} Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo: {1:25} Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres. {1:26} Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, {1:27} A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María. {1:28} Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ­Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. {1:29} Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta. {1:30} Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. {1:31} Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS. {1:32} Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: {1:33} Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin. {1:34} Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón. {1:35} Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios. {1:36} Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril: {1:37} Porque ninguna cosa es imposible para Dios. {1:38} Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella. {1:39} En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá; {1:40} Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet. {1:41} Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo, {1:42} Y exclamó á gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. {1:43} ¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí? {1:44} Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. {1:45} Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor. {1:46} Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor; {1:47} Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador, {1:48} Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. {1:49} Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre. {1:50} Y su misericordia de generación á generación A los que le temen. {1:51} Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón. {1:52} Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes. {1:53} A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos. {1:54} Recibió á Israel su siervo, Acordandose de la misericordia. {1:55} Como habló á nuestros padres A Abraham y á su simiente para siempre. {1:56} Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa. {1:57} Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo. {1:58} Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella. {1:59} Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías. {1:60} Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado. {1:61} Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre. {1:62} Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería llamar. {1:63} Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. {1:64} Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo á Dios. {1:65} Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas. {1:66} Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él. {1:67} Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: {1:68} Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redención á su pueblo, {1:69} Y nos alzó un cuerno de salvación En la casa de David su siervo, {1:70} Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio: {1:71} Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron; {1:72} Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordándose de su santo pacto; {1:73} Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, Que nos había de dar, {1:74} Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos {1:75} En santidad y en justicia delante de él, todos los días nuestros. {1:76} Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos; {1:77} Dando conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de sus pecados, {1:78} Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó de lo alto el Oriente, {1:79} Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz. {1:80} Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á Israel. {2:1} Y ACONTECIO en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada. {2:2} Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria. {2:3} E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad. {2:4} Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David; {2:5} Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. {2:6} Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir. {2:7} Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. {2:8} Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado. {2:9} Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor. {2:10} Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: {2:11} Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. {2:12} Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre. {2:13} Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían: {2:14} Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres. {2:15} Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado. {2:16} Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre. {2:17} Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño. {2:18} Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. {2:19} Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón. {2:20} Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho. {2:21} Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESUS; el cual le fué puesto por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre. {2:22} Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor, {2:23} (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor), {2:24} Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos. {2:25} Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él. {2:26} Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor. {2:27} Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley. {2:28} Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo: {2:29} Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz; {2:30} Porque han visto mis ojos tu salvación, {2:31} La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos; {2:32} Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel. {2:33} Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él. {2:34} Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho; {2:35} Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones. {2:36} Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad; {2:37} Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. {2:38} Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem. {2:39} Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret. {2:40} Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. {2:41} E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua. {2:42} Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del día de la fiesta. {2:43} Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre. {2:44} Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos: {2:45} Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole. {2:46} Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. {2:47} Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas. {2:48} Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor. {2:49} Entonces él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar? {2:50} Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. {2:51} Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. {2:52} Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres. {3:1} Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, {3:2} Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. {3:3} Y él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados; {3:4} Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Haced derechas sus sendas. {3:5} Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; {3:6} Y verá toda carne la salvación de Dios. {3:7} Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de él: ­Oh generación de víboras, quién os enseñó á huir de la ira que vendrá? {3:8} Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham. {3:9} Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego. {3:10} Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos? {3:11} Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. {3:12} Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? {3:13} Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. {3:14} Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas. {3:15} Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo, {3:16} Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego; {3:17} Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará. {3:18} Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo. {3:19} Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes, {3:20} Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel. {3:21} Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió, {3:22} Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido. {3:23} Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí, {3:24} Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué Melchî, que fué de Janna, que fué de José, {3:25} Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Esli, {3:26} Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Matthathías, que fué de Semei, que fué de José, que fué de Judá, {3:27} Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel, {3:28} Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er, {3:29} Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué de Joreim, que fué de Mathat, {3:30} Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonán, que fué de Eliachîm, {3:31} Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué de Mattatha, que fué de Nathán, {3:32} Que fué de David, que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naassón, {3:33} Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Phares, {3:34} Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr, {3:35} Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec, que fué de Heber, {3:36} Que fué de Sala, que fué de Cainán, Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech, {3:37} Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de Jared, que fué de Maleleel, {3:38} Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios. {4:1} Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto {4:2} Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre. {4:3} Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan. {4:4} Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios. {4:5} Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra. {4:6} Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy: {4:7} Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos. {4:8} Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás. {4:9} Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo: {4:10} Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden; {4:11} Y En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra. {4:12} Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. {4:13} Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él por un tiempo. {4:14} Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor, {4:15} Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos. {4:16} Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer. {4:17} Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito: {4:18} El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados: {4:19} Para predicar el año agradable del Señor. {4:20} Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. {4:21} Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos. {4:22} Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? {4:23} Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. {4:24} Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. {4:25} Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra; {4:26} Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda. {4:27} Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro. {4:28} Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas; {4:29} Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. {4:30} Mas él, pasando por medio de ellos, se fué. {4:31} Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados. {4:32} Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad. {4:33} Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz, {4:34} Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. {4:35} Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno. {4:36} Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen? {4:37} Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca. {4:38} Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella. {4:39} E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía. {4:40} Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían á él; y él poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. {4:41} Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo. {4:42} Y siendo ya de día salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos. {4:43} Mas él les dijo: Que también á otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado. {4:44} Y predicaba en las sinagogas de Galilea. {5:1} Y ACONTECIO, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios. {5:2} Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes. {5:3} Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes. {5:4} Y como cesó de hablar, dijo á Simón: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar. {5:5} Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. {5:6} Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía. {5:7} E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban. {5:8} Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. {5:9} Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado; {5:10} Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres. {5:11} Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron. {5:12} Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. {5:13} Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él. {5:14} Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio á ellos. {5:15} Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades. {5:16} Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba. {5:17} Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos. {5:18} Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él. {5:19} Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús; {5:20} El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados. {5:21} Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? {5:22} Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones? {5:23} ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, ó decir: Levántate y anda? {5:24} Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa. {5:25} Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios. {5:26} Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos del temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy. {5:27} Y después de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme. {5:28} Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió. {5:29} E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos. {5:30} Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? {5:31} Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos. {5:32} No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento. {5:33} Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben? {5:34} Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? {5:35} Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días. {5:36} Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. {5:37} Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. {5:38} Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. {5:39} Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor. {6:1} Y ACONTECIO que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos. {6:2} Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados? {6:3} Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban; {6:4} Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes? {6:5} Y les decía. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado. {6:6} Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca. {6:7} Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen. {6:8} Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pie. {6:9} Entonces Jesús les dice: Os preguntaré un cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? {6:10} Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fué restaurada. {6:11} Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos á los otros qué harían á Jesús. {6:12} Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios. {6:13} Y como fué de día, llamó á sus discípulos, y escogió doce de ellos, á los cuales también llamó apóstoles: {6:14} A Simón, al cual también llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, {6:15} Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador, {6:16} Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fué el traidor. {6:17} Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades; {6:18} Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados. {6:19} Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba á todos. {6:20} Y alzando él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios. {6:21} Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. {6:22} Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre. {6:23} Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas. {6:24} Mas ­ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo. {6:25} Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ­Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. {6:26} Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres á los falsos profetas. {6:27} Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen; {6:28} Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. {6:29} Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas. {6:30} Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir. {6:31} Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros: {6:32} Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman. {6:33} Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo. {6:34} Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto. {6:35} Amad, pués, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos. {6:36} Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. {6:37} No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. {6:38} Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir. {6:39} Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? {6:40} El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto. {6:41} ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras? {6:42} ¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano. {6:43} Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto. {6:44} Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas. {6:45} El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca. {6:46} ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? {6:47} Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante: {6:48} Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña. {6:49} Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa. {7:1} Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum. {7:2} Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y á punto de morir. {7:3} Y como oyó hablar de Jesús, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo. {7:4} Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto; {7:5} Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga. {7:6} Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado; {7:7} Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano. {7:8} Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace. {7:9} Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. {7:10} Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo. {7:11} Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. {7:12} Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad. {7:13} Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores. {7:14} Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate. {7:15} Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre. {7:16} Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo. {7:17} Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor. {7:18} Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos, {7:19} Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro? {7:20} Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro? {7:21} Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista. {7:22} Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio: {7:23} Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. {7:24} Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento? {7:25} Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están. {7:26} Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta. {7:27} Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti. {7:28} Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. {7:29} Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. {7:30} Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él. {7:31} Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes? {7:32} Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis. {7:33} Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. {7:34} Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. {7:35} Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos. {7:36} Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa. {7:37} Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento, {7:38} Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento. {7:39} Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora. {7:40} Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro. {7:41} Un acredor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; {7:42} Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más? {7:43} Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. {7:44} Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos. {7:45} No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. {7:46} No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies. {7:47} Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama. {7:48} Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados. {7:49} Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? {7:50} Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz. {8:1} Y ACONTECIO después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, {8:2} Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, {8:3} Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas. {8:4} Ycomo se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola: {8:5} Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron. {8:6} Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. {8:7} Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron. {8:8} Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga. {8:9} Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era está parábola. {8:10} Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. {8:11} Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. {8:12} Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven. {8:13} Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan. {8:14} Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. {8:15} Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia. {8:16} Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz. {8:17} Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz. {8:18} Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado. {8:19} Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podían llegar á el por causa de la multitud. {8:20} Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte. {8:21} El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan. {8:22} Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron. {8:23} Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban. {8:24} Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: ­Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado él increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron, y fué hecha bonanza. {8:25} Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen? {8:26} Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea. {8:27} Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros. {8:28} El cual, como vió á Jesús, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes. {8:29} (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.) {8:30} Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. {8:31} Y le rogaban que no les mandase ir al abismo. {8:32} Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. {8:33} Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse. {8:34} Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades. {8:35} Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús; y tuvieron miedo. {8:36} Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado. {8:37} Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, volvióse. {8:38} Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo: {8:39} Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas habiá hecho Jesús con él. {8:40} Y aconteció que volviendo Jesús, recibióle la gente; porque todos le esperaban. {8:41} Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; {8:42} Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía. {8:43} Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada, {8:44} Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre. {8:45} Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? {8:46} Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí. {8:47} Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana. {8:48} Y él dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz. {8:49} Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro. {8:50} Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva. {8:51} Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie consigo, sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza. {8:52} Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme. {8:53} Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta. {8:54} Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate. {8:55} Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mando que le diesen de comer. {8:56} Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho. {9:1} Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades. {9:2} Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos. {9:3} Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno. {9:4} Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid. {9:5} Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos. {9:6} Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes. {9:7} Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; {9:8} Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. {9:9} Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. {9:10} Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida. {9:11} Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura. {9:12} Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. {9:13} Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía. {9:14} Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta. {9:15} Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos. {9:16} Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes. {9:17} Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos. {9:18} Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy? {9:19} Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. {9:20} Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios. {9:21} Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto; {9:22} Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día. {9:23} Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. {9:24} Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará. {9:25} Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí? {9:26} Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. {9:27} Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios. {9:28} Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar. {9:29} Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. {9:30} Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; {9:31} Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem. {9:32} Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él. {9:33} Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía. {9:34} Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube. {9:35} Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid. {9:36} Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto. {9:37} Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro. {9:38} Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo: {9:39} Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole. {9:40} Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. {9:41} Y respondiendo Jesús, dice: ­Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá. {9:42} Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre. {9:43} Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos: {9:44} Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. {9:45} Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra. {9:46} Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor. {9:47} Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí, {9:48} Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mí nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande. {9:49} Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. {9:50} Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. {9:51} Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem. {9:52} Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle. {9:53} Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem. {9:54} Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías? {9:55} Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; {9:56} Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea. {9:57} Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres. {9:58} Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza. {9:59} Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre. {9:60} Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios. {9:61} Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. {9:62} Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios. {10:1} Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él había de venir. {10:2} Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies. {10:3} Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. {10:4} No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludéis en el camino. {10:5} En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa. {10:6} Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros. {10:7} Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa. {10:8} Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante; {10:9} Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios. {10:10} Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid: {10:11} Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros. {10:12} Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad. {10:13} Ay de ti, Corazín! ­Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. {10:14} Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio. {10:15} Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada. {10:16} El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió. {10:17} Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. {10:18} Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo. {10:19} He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. {10:20} Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. {10:21} En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó. {10:22} Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar. {10:23} Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis: {10:24} Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron. {10:25} Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? {10:26} Y él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees? {10:27} Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo. {10:28} Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás. {10:29} Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? {10:30} Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. {10:31} Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado. {10:32} Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado. {10:33} Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; {10:34} Y llegándose, vendó sus heridas, echándo les aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. {10:35} Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré. {10:36} ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrónes? {10:37} Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. {10:38} Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa. {10:39} Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra. {10:40} Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude. {10:41} Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: {10:42} Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada. {11:1} Y ACONTECIO que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos. {11:2} Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. {11:3} El pan nuestro de cada día, dános lo hoy. {11:4} Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo. {11:5} Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes, {11:6} Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante; {11:7} Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte? {11:8} Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester. {11:9} Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto. {11:10} Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre. {11:11} ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente? {11:12} O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión? {11:13} Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él? {11:14} Y estaba él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y las gentes se maravillaron. {11:15} Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. {11:16} Y otros, tentando, pedían de él señal del cielo. {11:17} Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. {11:18} Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios. {11:19} Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. {11:20} Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros. {11:21} Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee. {11:22} Mas si sobreviniendo otro más fuerte que él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos. {11:23} El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. {11:24} Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí. {11:25} Y viniendo, la halla barrida y adornada. {11:26} Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero. {11:27} Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste. {11:28} Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan. {11:29} Y juntándose las gentes á él, comenzó á decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás. {11:30} Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación. {11:31} La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar. {11:32} Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar. {11:33} Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. {11:34} La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso. {11:35} Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas. {11:36} Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra. {11:37} Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con él: y entrado Jesús, se sentó á la mesa. {11:38} Y el Fariseo, como lo vió, maravillóse de que no se lavó antes de comer. {11:39} Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad. {11:40} Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro? {11:41} Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio. {11:42} Mas ­ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras. {11:43} Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. {11:44} Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben. {11:45} Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros. {11:46} Y él dijo: ­Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas. {11:47} Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres. {11:48} De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros. {11:49} Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán; {11:50} Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo; {11:51} Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación. {11:52} Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis. {11:53} Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á apretar le en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas; {11:54} Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle. {12:1} EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía. {12:2} Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido. {12:3} Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados. {12:4} Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer. {12:5} Mas os enseñaré á quién temáis: temed á aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: á éste temed. {12:6} ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. {12:7} Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos. {12:8} Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; {12:9} Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. {12:10} Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. {12:11} Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir; {12:12} Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir. {12:13} Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia. {12:14} Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros? {12:15} Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. {12:16} Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho; {12:17} Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos? {12:18} Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; {12:19} Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate. {12:20} Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será? {12:21} Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios. {12:22} Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis. {12:23} La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido. {12:24} Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? {12:25} ¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir á su estatura un codo? {12:26} Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás? {12:27} Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. {12:28} Y si así viste Dios á la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe? {12:29} Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, ó qué hayáis de beber: ni estéis en ansiosa perplejidad. {12:30} Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas. {12:31} Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. {12:32} No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino. {12:33} Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. {12:34} Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. {12:35} Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas; {12:36} Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran. {12:37} Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá. {12:38} Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos. {12:39} Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. {12:40} Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá. {12:41} Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos? {12:42} Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración? {12:43} Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así. {12:44} En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes. {12:45} Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare á herir á los siervos y á las criadas, y á comer y á beber y á embriagarse; {12:46} Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles. {12:47} Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho. {12:48} Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido. {12:49} Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido? {12:50} Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ­cómo me angustio hasta que sea cumplido! {12:51} ¿Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disensión. {12:52} Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres. {12:53} El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. {12:54} Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así. {12:55} Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay. {12:56} Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo? {12:57} ¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo? {12:58} Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. {12:59} Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí. {13:1} Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. {13:2} Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? {13:3} No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente. {13:4} O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem? {13:5} No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo. {13:6} Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló. {13:7} Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra? {13:8} El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole. {13:9} Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después. {13:10} Y enseñaba en una sinagoga en sábado. {13:11} Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar. {13:12} Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad. {13:13} Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios. {13:14} Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en días de sábado. {13:15} Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber? {13:16} Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado? {13:17} Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas. {13:18} Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé? {13:19} Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo lo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas. {13:20} Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios? {13:21} Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. {13:22} Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem. {13:23} Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: {13:24} Porfiad á entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. {13:25} Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis. {13:26} Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste; {13:27} Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad. {13:28} Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos. {13:29} Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios. {13:30} Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros {13:31} Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. {13:32} Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. {13:33} Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem. {13:34} Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ­cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste! {13:35} He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor. {14:1} Y ACONTECIO que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado á comer pan, ellos le acechaban. {14:2} Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de él. {14:3} Y respondiendo Jesús, habló á los doctores de la ley y á los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? {14:4} Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y despidióle. {14:5} Y respondiendo á ellos dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en algún pozo, y no lo sacará luego en día de sábado? {14:6} Y no le podían replicar á estas cosas. {14:7} Y observando cómo escogían los primeros asientos á la mesa, propuso una parábola á los convidados, diciéndoles: {14:8} Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más honrado que tú esté por él convidado, {14:9} Y viniendo el que te llamó á ti y á él, te diga: Da lugar á éste: y entonces comiences con vergüenza á tener el lugar último. {14:10} Mas cuando fueres convidado, ve, y siéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa. {14:11} Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. {14:12} Y dijo también al que le había convidado: Cuando haces comida ó cena, no llames á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha compensación. {14:13} Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos; {14:14} Y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; mas te será recompensado en la resurrección de los justos. {14:15} Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos. {14:16} El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido á muchos. {14:17} Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya está todo aparejado. {14:18} Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado. {14:19} Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; ruégote que me des por excusado. {14:20} Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. {14:21} Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces enojado el padre de la familia, dijo á su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos. {14:22} Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar. {14:23} Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérza los á entrar, para que se llene mi casa. {14:24} Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena. {14:25} Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo: {14:26} Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo. {14:27} Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. {14:28} Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla? {14:29} Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él, {14:30} Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar. {14:31} ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil? {14:32} De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándo le embajada. {14:33} Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. {14:34} Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará? {14:35} Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oídos para oir, oiga. {15:1} Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle. {15:2} Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come. {15:3} Y él les propuso esta parábola, diciendo: {15:4} ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle? {15:5} Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso; {15:6} Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido. {15:7} Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento. {15:8} ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla? {15:9} Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido. {15:10} Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. {15:11} Y dijo: Un hombre tenía dos hijos; {15:12} Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda. {15:13} Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. {15:14} Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar. {15:15} Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos. {15:16} Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba. {15:17} Y volviendo en sí, dijo: ­Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! {15:18} Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; {15:19} Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros. {15:20} Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. {15:21} Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. {15:22} Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies. {15:23} Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta: {15:24} Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse. {15:25} Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; {15:26} Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello. {15:27} Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. {15:28} Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. {15:29} Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: {15:30} Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso. {15:31} El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. {15:32} Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. {16:1} Y DIJO también á sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fué acusado delante de él como disipador de sus bienes. {16:2} Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. {16:3} Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza. {16:4} Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas. {16:5} Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor? {16:6} Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta. {16:7} Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta. {16:8} Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz. {16:9} Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas. {16:10} El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. {16:11} Pues si en las malas riquezas no fuísteis fieles. ¿quién os confiará lo verdadero? {16:12} Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? {16:13} Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas. {16:14} Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él. {16:15} Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación. {16:16} La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza á entrar en él. {16:17} Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley. {16:18} Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera. {16:19} Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. {16:20} Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas, {16:21} Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. {16:22} Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado. {16:23} Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno. {16:24} Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. {16:25} Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. {16:26} Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. {16:27} Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre; {16:28} Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento. {16:29} Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos. {16:30} El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán. {16:31} Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos. {17:1} Y A SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ­ay de aquél por quien vienen! {17:2} Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos. {17:3} Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. {17:4} Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale. {17:5} Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. {17:6} Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá. {17:7} ¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa? {17:8} ¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe? {17:9} ¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. {17:10} Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos. {17:11} Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea. {17:12} Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos, {17:13} Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. {17:14} Y como él los vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. {17:15} Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz; {17:16} Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano. {17:17} Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están? {17:18} ¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero? {17:19} Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado. {17:20} Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia; {17:21} Ni dirán: Helo aquí, ó helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está. {17:22} Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. {17:23} Y os dirán: Helo aquí, ó helo allí. No vayáis, ni sigáis. {17:24} Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. {17:25} Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación. {17:26} Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre. {17:27} Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos. {17:28} Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; {17:29} Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos: {17:30} Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará. {17:31} En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. {17:32} Acordaos de la mujer de Lot. {17:33} Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará. {17:34} Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. {17:35} Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada. {17:36} Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. {17:37} Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas. {18:1} Y PROPUSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar, {18:2} Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre. {18:3} Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á él diciendo: Hazme justicia de mi adversario. {18:4} Pero él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre, {18:5} Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela. {18:6} Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto. {18:7} ¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos? {18:8} Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra? {18:9} Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola: {18:10} Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano. {18:11} El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; {18:12} Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. {18:13} Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador. {18:14} Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. {18:15} Y traían á él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían. {18:16} Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios. {18:17} De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. {18:18} Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? {18:19} Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios. {18:20} Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre. {18:21} Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud. {18:22} Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. {18:23} Entonces él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico. {18:24} Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ­Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! {18:25} Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios. {18:26} Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo? {18:27} Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios. {18:28} Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido. {18:29} Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios, {18:30} Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. {18:31} Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre. {18:32} Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido. {18:33} Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará. {18:34} Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía. {18:35} Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; {18:36} El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello. {18:37} Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno. {18:38} Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. {18:39} Y los que iban delante, le reñían que callase; mas él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí. {18:40} Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le preguntó, {18:41} Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea. {18:42} Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo. {18:43} Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza. {19:1} Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó; {19:2} Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico; {19:3} Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. {19:4} Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. {19:5} Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa. {19:6} Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso. {19:7} Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador. {19:8} Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto. {19:9} Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. {19:10} Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido. {19:11} Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios. {19:12} Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver. {19:13} Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo. {19:14} Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. {19:15} Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. {19:16} Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. {19:17} Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades. {19:18} Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas. {19:19} Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. {19:20} Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo: {19:21} Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. {19:22} Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; {19:23} ¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro? {19:24} Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. {19:25} Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. {19:26} Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. {19:27} Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí. {19:28} Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem. {19:29} Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos, {19:30} Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo. {19:31} Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester. {19:32} Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. {19:33} Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? {19:34} Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester. {19:35} Y trajéronlo á Jesús; y habiéndo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima. {19:36} Y yendo él tendían sus capas por el camino. {19:37} Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto, {19:38} Diciendo: ­Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo! {19:39} Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos. {19:40} Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán. {19:41} Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella, {19:42} Diciendo: ­Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos. {19:43} Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, {19:44} Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. {19:45} Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él. {19:46} Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. {19:47} Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle. {19:48} Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole. {20:1} Y ACONTECIO un día, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos; {20:2} Y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad? {20:3} Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una palabra; respondedme: {20:4} El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres? {20:5} Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? {20:6} Y si dijéremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta. {20:7} Y respondieron que no sabían de dónde. {20:8} Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas. {20:9} Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo. {20:10} Y al tiempo, envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío. {20:11} Y volvió á enviar otro siervo; mas ellos á éste también, herido y afrentado, le enviaron vacío. {20:12} Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos también á éste echaron herido. {20:13} Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cuando á éste vieren, tendrán respeto. {20:14} Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra. {20:15} Y echáronle fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué pues, les hará el señor de la viña? {20:16} Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: ­Dios nos libre! {20:17} Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, Esta fué por cabeza de esquina? {20:18} Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará. {20:19} Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo. {20:20} Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente. {20:21} Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad. {20:22} ¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no? {20:23} Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? {20:24} Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. {20:25} Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios. {20:26} Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron. {20:27} Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron, {20:28} Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano. {20:29} Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos. {20:30} Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos. {20:31} Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y muerieron sin dejar prole. {20:32} Y á la postre de todos murió también la mujer. {20:33} En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer. {20:34} Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento: {20:35} Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento: {20:36} Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección. {20:37} Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. {20:38} Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á él. {20:39} Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. {20:40} Y no osaron más preguntarle algo. {20:41} Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? {20:42} Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, {20:43} Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies. {20:44} Así que David le llama Señor: ¿cómo pues es su hijo? {20:45} Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos: {20:46} Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; {20:47} Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración: éstos recibirán mayor condenación. {21:1} Y MIRANDO, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio. {21:2} Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas. {21:3} Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos: {21:4} Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía. {21:5} Y á unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo: {21:6} Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída. {21:7} Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas? {21:8} El entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, el tiempo está cerca: por tanto, no vayáis en pos de ellos. {21:9} Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego será el fin. {21:10} Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino; {21:11} Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo. {21:12} Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándoos á las sinagogas y á las cárceles, siendo llevados á los reyes y á los gobernadores por causa de mi nombre. {21:13} Y os será para testimonio. {21:14} Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder: {21:15} Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán. {21:16} Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán á algunos de vosotros. {21:17} Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. {21:18} Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá. {21:19} En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas. {21:20} Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. {21:21} Entonces los que estuvieren en Judea, huyan á los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. {21:22} Porque estos son días de venganza: para que se cumplan todas las cosas que están escritas. {21:23} Mas ­ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apuro grande sobre la tierra é ira en este pueblo. {21:24} Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos. {21:25} Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas: {21:26} Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas. {21:27} Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande. {21:28} Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca. {21:29} Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles: {21:30} Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca. {21:31} Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios. {21:32} De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho. {21:33} El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán. {21:34} Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. {21:35} Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. {21:36} Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre. {21:37} Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas. {21:38} Y todo el pueblo venía á él por la mañana, para oirle en el templo. {22:1} Y ESTABA cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua. {22:2} Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo. {22:3} Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; {22:4} Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría. {22:5} Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero. {22:6} Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla. {22:7} Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua. {22:8} Y envió á Pedro y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos. {22:9} Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? {22:10} Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare, {22:11} Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos? {22:12} Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí. {22:13} Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua. {22:14} Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles. {22:15} Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca; {22:16} Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. {22:17} Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros; {22:18} Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. {22:19} Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. {22:20} Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. {22:21} Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa. {22:22} Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ­ay de aquél hombre por el cual es entregado! {22:23} Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto. {22:24} Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. {22:25} Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: {22:26} Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve. {22:27} Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve. {22:28} Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: {22:29} Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí, {22:30} Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel. {22:31} Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo; {22:32} Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos. {22:33} Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte. {22:34} Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. {22:35} Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. {22:36} Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada. {22:37} Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene. {22:38} Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta. {22:39} Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. {22:40} Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. {22:41} Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, {22:42} Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. {22:43} Y le apareció un ángel del cielo confortándole. {22:44} Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. {22:45} Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza; {22:46} Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación. {22:47} Estando él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesús para besarlo. {22:48} Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre? {22:49} Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo? {22:50} Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha. {22:51} Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. {22:52} Y Jesús dijo á los que habían venido á él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos? {22:53} Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. {22:54} Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. {22:55} Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos. {22:56} Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y éste con él estaba. {22:57} Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. {22:58} Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. {22:59} Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es Galileo. {22:60} Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó. {22:61} Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. {22:62} Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. {22:63} Y los hombres que tenían á Jesús, se burlaban de él hiriéndole; {22:64} Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió. {22:65} Y decían otras muchas cosas injuriándole. {22:66} Y cuando fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio, {22:67} Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; {22:68} Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis: {22:69} Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios. {22:70} Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy. {22:71} Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca. {23:1} LEVANTANDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato. {23:2} Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo, el rey. {23:3} Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndo él, dijo: Tú lo dices. {23:4} Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre. {23:5} Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. {23:6} Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. {23:7} Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días. {23:8} Y Herodes, viendo á Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal. {23:9} Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió: {23:10} Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía. {23:11} Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á Pilato. {23:12} Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. {23:13} Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, {23:14} Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis. {23:15} Y ni aun Herodes; porque os remití á él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho. {23:16} Le soltaré, pues, castigado. {23:17} Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. {23:18} Mas toda la multitud dió voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á Barrabás: {23:19} (El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) {23:20} Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesús. {23:21} Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. {23:22} Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré. {23:23} Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían. {23:24} Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían; {23:25} Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos. {23:26} Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. {23:27} Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban. {23:28} Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. {23:29} Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. {23:30} Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos. {23:31} Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? {23:32} Y llevaban también con él otros dos, malhechores, á ser muertos. {23:33} Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda. {23:34} Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. {23:35} Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. {23:36} Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, {23:37} Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo. {23:38} Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. {23:39} Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros. {23:40} Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación? {23:41} Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo. {23:42} Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino. {23:43} Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. {23:44} Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. {23:45} Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. {23:46} Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. {23:47} Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. {23:48} Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. {23:49} Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas. {23:50} Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo, {23:51} (El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios; {23:52} Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. {23:53} Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto. {23:54} Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado. {23:55} Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo. {23:56} Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento. {24:1} Y EL primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas. {24:2} Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro. {24:3} Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. {24:4} Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; {24:5} Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? {24:6} No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea, {24:7} Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. {24:8} Entonces ellas se acordaron de sus palabras, {24:9} Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y á todos los demás. {24:10} Y eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas á los apóstoles. {24:11} Mas á ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creyeron. {24:12} Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro: y como miró dentro, vió solos los lienzos echados; y se fué maravillándose de lo que había sucedido. {24:13} Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día á una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús. {24:14} E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido. {24:15} Y aconteció que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, é iba con ellos juntamente. {24:16} Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen. {24:17} Y díjoles: ¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes? {24:18} Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tú sólo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días? {24:19} Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús Nazareno, el cual fué varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; {24:20} Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros príncipes á condenación de muerte, y le crucificaron. {24:21} Mas nosotros esperábamos que él era el que había de redimir á Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día que esto ha acontecido. {24:22} Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro: {24:23} Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive. {24:24} Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; más á él no le vieron. {24:25} Entonces él les dijo: ­Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! {24:26} ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? {24:27} Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían. {24:28} Y llegaron á la aldea á donde iban: y él hizo como que iba más lejos. {24:29} Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos. {24:30} Y aconteció, que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles. {24:31} Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos. {24:32} Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? {24:33} Y levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos. {24:34} Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simón. {24:35} Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo había sido conocido de ellos al partir el pan. {24:36} Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz á vosotros. {24:37} Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu. {24:38} Mas él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones? {24:39} Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. {24:40} Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies. {24:41} Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: ¿Tenéis aquí algo de comer? {24:42} Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. {24:43} Y él tomó, y comió delante de ellos. {24:44} Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. {24:45} Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras; {24:46} Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; {24:47} Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem. {24:48} Y vosotros sois testigos de estas cosas. {24:49} Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto. {24:50} Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo. {24:51} Y aconteció que bendiciéndolos, se fué de ellos; y era llevado arriba al cielo. {24:52} Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo; {24:53} Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. Amén.