{i1:1} Predicación de Juan el Bautista (Mt. 3.1-12; Lc. 3.1-9,15-17; Jn. 1.19-28) {1:1} Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. {1:2} Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. {1:3} Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. {1:4} Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. {1:5} Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. {1:6} Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. {1:7} Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. {1:8} Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo. {i1:9} El bautismo de Jesús (Mt. 3.13-17; Lc. 3.21-22) {1:9} Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. {1:10} Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. {1:11} Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. {i1:12} Tentación de Jesús (Mt. 4.1-11; Lc. 4.1-13) {1:12} Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. {1:13} Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. {i1:14} Jesús principia su ministerio (Mt. 4.12-17; Lc. 4.14-15) {1:14} Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, {1:15} diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. {i1:16} Jesús llama a cuatro pescadores (Mt. 4.18-22; Lc. 5.1-11) {1:16} Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. {1:17} Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. {1:18} Y dejando luego sus redes, le siguieron. {1:19} Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. {1:20} Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron. {i1:21} Un hombre que tenía un espíritu inmundo (Lc. 4.31-37) {1:21} Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. {1:22} Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. {1:23} Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, {1:24} diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. {1:25} Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! {1:26} Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. {1:27} Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? {1:28} Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea. {i1:29} Jesús sana a la suegra de Pedro (Mt. 8.14-15; Lc. 4.38-39) {1:29} Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. {1:30} Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. {1:31} Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. {i1:32} Muchos sanados al ponerse el sol (Mt. 8.16-17; Lc. 4.40-41) {1:32} Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; {1:33} y toda la ciudad se agolpó a la puerta. {1:34} Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían. {i1:35} Jesús recorre Galilea predicando (Lc. 4.42-44) {1:35} Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. {1:36} Y le buscó Simón, y los que con él estaban; {1:37} y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. {1:38} Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. {1:39} Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. {i1:40} Jesús sana a un leproso (Mt. 8.1-4; Lc. 5.12-16) {1:40} Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. {1:41} Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. {1:42} Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. {1:43} Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, {1:44} y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. {1:45} Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes. {i2:1} Jesús sana a un paralítico (Mt. 9.1-8; Lc. 5.17-26) {2:1} Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. {2:2} E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. {2:3} Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. {2:4} Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. {2:5} Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. {2:6} Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: {2:7} ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? {2:8} Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? {2:9} ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? {2:10} Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): {2:11} A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. {2:12} Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa. {i2:13} Llamamiento de Leví (Mt. 9.9-13; Lc. 5.27-32) {2:13} Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba. {2:14} Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. {2:15} Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido. {2:16} Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? {2:17} Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. {i2:18} La pregunta sobre el ayuno (Mt. 9.14-17; Lc. 5.33-39) {2:18} Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan? {2:19} Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar. {2:20} Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán. {2:21} Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. {2:22} Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. {i2:23} Los discípulos recogen espigas en el día de reposo (Mt. 12.1-8; Lc. 6.1-5) {2:23} Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. {2:24} Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito? {2:25} Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; {2:26} cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? {2:27} También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. {2:28} Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo. {i3:1} El hombre de la mano seca (Mt. 12.9-14; Lc. 6.6-11) {3:1} Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. {3:2} Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. {3:3} Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. {3:4} Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. {3:5} Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. {3:6} Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle. {i3:7} La multitud a la orilla del mar {3:7} Mas Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió gran multitud de Galilea. Y de Judea, {3:8} de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él. {3:9} Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen. {3:10} Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él. {3:11} Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. {3:12} Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen. {i3:13} Elección de los doce apóstoles (Mt. 10.1-4; Lc. 6.12-16) {3:13} Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. {3:14} Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, {3:15} y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios: {3:16} a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; {3:17} a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; {3:18} a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, {3:19} y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa. {i3:20} La blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt. 12.22-32; Lc. 11.14-23) {3:20} Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. {3:21} Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí. {3:22} Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. {3:23} Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? {3:24} Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. {3:25} Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. {3:26} Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. {3:27} Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa. {3:28} De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; {3:29} pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. {3:30} Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo. {i3:31} La madre y los hermanos de Jesús (Mt. 12.46-50; Lc. 8.19-21) {3:31} Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. {3:32} Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. {3:33} Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? {3:34} Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. {3:35} Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. {i4:1} Parábola del sembrador (Mt. 13.1-23; Lc. 8.4-15) {4:1} Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar. {4:2} Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: {4:3} Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; {4:4} y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. {4:5} Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. {4:6} Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. {4:7} Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. {4:8} Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. {4:9} Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga. {4:10} Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. {4:11} Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; {4:12} para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. {4:13} Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas? {4:14} El sembrador es el que siembra la palabra. {4:15} Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. {4:16} Éstos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; {4:17} pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. {4:18} Éstos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, {4:19} pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. {4:20} Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. {i4:21} Nada oculto que no haya de ser manifestado (Lc. 8.16-18) {4:21} También les dijo: ¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? {4:22} Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz. {4:23} Si alguno tiene oídos para oír, oiga. {4:24} Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. {4:25} Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. {i4:26} Parábola del crecimiento de la semilla {4:26} Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; {4:27} y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. {4:28} Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; {4:29} y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. {i4:30} Parábola de la semilla de mostaza (Mt. 13.31-32; Lc. 13.18-19) {4:30} Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? {4:31} Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; {4:32} pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra. {i4:33} El uso que Jesús hace de las parábolas (Mt. 13.34-35) {4:33} Con muchas parábolas como éstas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. {4:34} Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo. {i4:35} Jesús calma la tempestad (Mt. 8.23-27; Lc. 8.22-25) {4:35} Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. {4:36} Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. {4:37} Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. {4:38} Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? {4:39} Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. {4:40} Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? {4:41} Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen? {i5:1} El endemoniado gadareno (Mt. 8.28-34; Lc. 8.26-39) {5:1} Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. {5:2} Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, {5:3} que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. {5:4} Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. {5:5} Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. {5:6} Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. {5:7} Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. {5:8} Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. {5:9} Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. {5:10} Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. {5:11} Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. {5:12} Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. {5:13} Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. {5:14} Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. {5:15} Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. {5:16} Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. {5:17} Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. {5:18} Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. {5:19} Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. {5:20} Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban. {i5:21} La hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Jesús (Mt. 9.18-26; Lc. 8.40-56) {5:21} Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar. {5:22} Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, {5:23} y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. {5:24} Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. {5:25} Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, {5:26} y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, {5:27} cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. {5:28} Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. {5:29} Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. {5:30} Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? {5:31} Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? {5:32} Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. {5:33} Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. {5:34} Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote. {5:35} Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? {5:36} Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. {5:37} Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. {5:38} Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. {5:39} Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. {5:40} Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. {5:41} Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. {5:42} Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. {5:43} Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer. {i6:1} Jesús en Nazaret (Mt. 13.53-58; Lc. 4.16-30) {6:1} Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. {6:2} Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? {6:3} ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. {6:4} Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. {6:5} Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. {6:6} Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando. {i6:7} Misión de los doce discípulos (Mt. 10.5-15; Lc. 9.1-6) {6:7} Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. {6:8} Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, {6:9} sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. {6:10} Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. {6:11} Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad. {6:12} Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. {6:13} Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban. {i6:14} Muerte de Juan el Bautista (Mt. 14.1-12; Lc. 9.7-9) {6:14} Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. {6:15} Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas. {6:16} Al oír esto Herodes, dijo: Éste es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos. {6:17} Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. {6:18} Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. {6:19} Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; {6:20} porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana. {6:21} Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea, {6:22} entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré. {6:23} Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino. {6:24} Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista. {6:25} Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista. {6:26} Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla. {6:27} Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuese traída la cabeza de Juan. {6:28} El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. {6:29} Cuando oyeron esto sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro. {i6:30} Alimentación de los cinco mil (Mt. 14.13-21; Lc. 9.10-17; Jn. 6.1-14) {6:30} Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. {6:31} Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. {6:32} Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. {6:33} Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. {6:34} Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. {6:35} Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. {6:36} Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. {6:37} Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? {6:38} Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. {6:39} Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. {6:40} Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. {6:41} Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. {6:42} Y comieron todos, y se saciaron. {6:43} Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. {6:44} Y los que comieron eran cinco mil hombres. {i6:45} Jesús anda sobre el mar (Mt. 14.22-27; Jn. 6.15-21) {6:45} En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. {6:46} Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; {6:47} y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. {6:48} Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. {6:49} Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; {6:50} porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! {6:51} Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban. {6:52} Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones. {i6:53} Jesús sana a los enfermos en Genesaret (Mt. 14.34-36) {6:53} Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret, y arribaron a la orilla. {6:54} Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le conoció. {6:55} Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba. {6:56} Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos. {i7:1} Lo que contamina al hombre (Mt. 15.1-20) {7:1} Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; {7:2} los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. {7:3} Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. {7:4} Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. {7:5} Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? {7:6} Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. {7:7} Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. {7:8} Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. {7:9} Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. {7:10} Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. {7:11} Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, {7:12} y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, {7:13} invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a éstas. {7:14} Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: {7:15} Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. {7:16} Si alguno tiene oídos para oír, oiga. {7:17} Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. {7:18} Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, {7:19} porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. {7:20} Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. {7:21} Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, {7:22} los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. {7:23} Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. {i7:24} La fe de la mujer sirofenicia (Mt. 15.21-28) {7:24} Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. {7:25} Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. {7:26} La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. {7:27} Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. {7:28} Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. {7:29} Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. {7:30} Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama. {i7:31} Jesús sana a un sordomudo {7:31} Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. {7:32} Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. {7:33} Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; {7:34} y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. {7:35} Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien. {7:36} Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. {7:37} Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar. {i8:1} Alimentación de los cuatro mil (Mt. 15.32-39) {8:1} En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: {8:2} Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; {8:3} y si los enviare en ayunas a sus casas, se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. {8:4} Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto? {8:5} Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. {8:6} Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud. {8:7} Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. {8:8} Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. {8:9} Eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. {8:10} Y luego entrando en la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta. {i8:11} La demanda de una señal (Mt. 16.1-4; Lc. 12.54-56) {8:11} Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. {8:12} Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. {8:13} Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera. {i8:14} La levadura de los fariseos (Mt. 16.5-12) {8:14} Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. {8:15} Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. {8:16} Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. {8:17} Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? {8:18} ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? {8:19} Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. {8:20} Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. {8:21} Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis? {i8:22} Un ciego sanado en Betsaida {8:22} Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. {8:23} Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. {8:24} Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. {8:25} Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. {8:26} Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. {i8:27} La confesión de Pedro (Mt. 16.13-20; Lc. 9.18-21) {8:27} Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? {8:28} Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas. {8:29} Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo. {8:30} Pero él les mandó que no dijesen esto de él a ninguno. {i8:31} Jesús anuncia su muerte (Mt. 16.21-28; Lc. 9.22-27) {8:31} Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. {8:32} Esto les decía claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reconvenirle. {8:33} Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. {8:34} Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. {8:35} Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. {8:36} Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? {8:37} ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? {8:38} Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles. {9:1} También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder. {i9:2} La transfiguración (Mt. 17.1-13; Lc. 9.28-36) {9:2} Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. {9:3} Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. {9:4} Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. {9:5} Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. {9:6} Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados. {9:7} Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Éste es mi Hijo amado; a él oíd. {9:8} Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. {9:9} Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos. {9:10} Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos. {9:11} Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? {9:12} Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada? {9:13} Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él. {i9:14} Jesús sana a un muchacho endemoniado (Mt. 17.14-21; Lc. 9.37-43) {9:14} Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. {9:15} Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron. {9:16} Él les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? {9:17} Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, {9:18} el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. {9:19} Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo. {9:20} Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. {9:21} Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. {9:22} Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. {9:23} Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. {9:24} E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. {9:25} Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. {9:26} Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. {9:27} Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. {9:28} Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? {9:29} Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno. {i9:30} Jesús anuncia otra vez su muerte (Mt. 17.22-23; Lc. 9.43-45) {9:30} Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. {9:31} Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día. {9:32} Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle. {i9:33} ¿Quién es el mayor? (Mt. 18.1-5; Lc. 9.46-48) {9:33} Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? {9:34} Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor. {9:35} Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. {9:36} Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: {9:37} El que reciba en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió. {i9:38} El que no es contra nosotros, por nosotros es (Lc. 9.49-50) {9:38} Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. {9:39} Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. {9:40} Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. {9:41} Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. {i9:42} Ocasiones de caer (Mt. 18.6-9; Lc. 17.1-2) {9:42} Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. {9:43} Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, {9:44} donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. {9:45} Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, {9:46} donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. {9:47} Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, {9:48} donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. {9:49} Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. {9:50} Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros. {i10:1} Jesús enseña sobre el divorcio (Mt. 19.1-12; Lc. 16.18) {10:1} Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía. {10:2} Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. {10:3} Él, respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? {10:4} Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla. {10:5} Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; {10:6} pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. {10:7} Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, {10:8} y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. {10:9} Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. {10:10} En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, {10:11} y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; {10:12} y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio. {i10:13} Jesús bendice a los niños (Mt. 19.13-15; Lc. 18.15-17) {10:13} Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. {10:14} Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. {10:15} De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. {10:16} Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía. {i10:17} El joven rico (Mt. 19.16-30; Lc. 18.18-30) {10:17} Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? {10:18} Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. {10:19} Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. {10:20} Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. {10:21} Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. {10:22} Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. {10:23} Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! {10:24} Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! {10:25} Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. {10:26} Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? {10:27} Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. {10:28} Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. {10:29} Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, {10:30} que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. {10:31} Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros. {i10:32} Nuevamente Jesús anuncia su muerte (Mt. 20.17-19; Lc. 18.31-34) {10:32} Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: {10:33} He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; {10:34} y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará. {i10:35} Petición de Santiago y de Juan (Mt. 20.20-28) {10:35} Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. {10:36} Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? {10:37} Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. {10:38} Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? {10:39} Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; {10:40} pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado. {10:41} Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. {10:42} Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. {10:43} Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, {10:44} y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. {10:45} Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. {i10:46} El ciego Bartimeo recibe la vista (Mt. 20.29-34; Lc. 18.35-43) {10:46} Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. {10:47} Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! {10:48} Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! {10:49} Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. {10:50} Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. {10:51} Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. {10:52} Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. {i11:1} La entrada triunfal en Jerusalén (Mt. 21.1-11; Lc. 19.28-40; Jn. 12.12-19) {11:1} Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, {11:2} y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. {11:3} Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. {11:4} Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. {11:5} Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? {11:6} Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. {11:7} Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. {11:8} También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. {11:9} Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! {11:10} ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! {11:11} Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce. {i11:12} Maldición de la higuera estéril (Mt. 21.18-19) {11:12} Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. {11:13} Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. {11:14} Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. {i11:15} Purificación del templo (Mt. 21.12-17; Lc. 19.45-48; Jn. 2.13-22) {11:15} Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; {11:16} y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. {11:17} Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. {11:18} Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. {11:19} Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. {i11:20} La higuera maldecida se seca (Mt. 21.19-22) {11:20} Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. {11:21} Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. {11:22} Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. {11:23} Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. {11:24} Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. {11:25} Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. {11:26} Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas. {i11:27} La autoridad de Jesús (Mt. 21.23-27; Lc. 20.1-8) {11:27} Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, {11:28} y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? {11:29} Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. {11:30} El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. {11:31} Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? {11:32} ¿Y si decimos, de los hombres...? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. {11:33} Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. {i12:1} Los labradores malvados (Mt. 21.33-46; Lc. 20.9-19) {12:1} Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. {12:2} Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. {12:3} Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. {12:4} Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. {12:5} Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. {12:6} Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. {12:7} Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Éste es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. {12:8} Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. {12:9} ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. {12:10} ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo; {12:11} El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? {12:12} Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron. {i12:13} La cuestión del tributo (Mt. 22.15-22; Lc. 20.20-26) {12:13} Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. {12:14} Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? {12:15} Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. {12:16} Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. {12:17} Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. {i12:18} La pregunta sobre la resurrección (Mt. 22.23-33; Lc. 20.27-40) {12:18} Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: {12:19} Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. {12:20} Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. {12:21} Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. {12:22} Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después de todos murió también la mujer. {12:23} En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer? {12:24} Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? {12:25} Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. {12:26} Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? {12:27} Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis. {i12:28} El gran mandamiento (Mt. 22.34-40) {12:28} Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? {12:29} Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. {12:30} Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. {12:31} Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. {12:32} Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; {12:33} y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. {12:34} Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle. {i12:35} ¿De quién es hijo el Cristo? (Mt. 22.41-46; Lc. 20.41-44) {12:35} Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? {12:36} Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. {12:37} David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo? Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana. {i12:38} Jesús acusa a los escribas (Mt. 23.1-36; Lc. 11.37-54; 20.45-47) {12:38} Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, {12:39} y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; {12:40} que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Éstos recibirán mayor condenación. {i12:41} La ofrenda de la viuda (Lc. 21.1-4) {12:41} Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. {12:42} Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. {12:43} Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; {12:44} porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento. {i13:1} Jesús predice la destrucción del templo (Mt. 24.1-2; Lc. 21.5-6) {13:1} Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. {13:2} Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada. {i13:3} Señales antes del fin (Mt. 24.3-28; Lc. 21.7-24; 17.22-24) {13:3} Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: {13:4} Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? {13:5} Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe; {13:6} porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. {13:7} Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin. {13:8} Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son éstos. {13:9} Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. {13:10} Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. {13:11} Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. {13:12} Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. {13:13} Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. {13:14} Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. {13:15} El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; {13:16} y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. {13:17} Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! {13:18} Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno; {13:19} porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. {13:20} Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días. {13:21} Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. {13:22} Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos. {13:23} Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes. {i13:24} La venida del Hijo del Hombre (Mt. 24.29-35,42-44; Lc. 21.25-36) {13:24} Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, {13:25} y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. {13:26} Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. {13:27} Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. {13:28} De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. {13:29} Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. {13:30} De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. {13:31} El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. {13:32} Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. {13:33} Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. {13:34} Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. {13:35} Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; {13:36} para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. {13:37} Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad. {i14:1} El complot para prender a Jesús (Mt. 26.1-5; Lc. 22.1-2; Jn. 11.45-53) {14:1} Dos días después era la pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle. {14:2} Y decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto del pueblo. {i14:3} Jesús es ungido en Betania (Mt. 26.6-13; Jn. 12.1-8) {14:3} Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. {14:4} Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? {14:5} Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. {14:6} Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. {14:7} Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. {14:8} Ésta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. {14:9} De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella. {i14:10} Judas ofrece entregar a Jesús (Mt. 26.14-16; Lc. 22.3-6) {14:10} Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. {14:11} Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle. {i14:12} Institución de la Cena del Señor (Mt. 26.17-29; Lc. 22.7-23; Jn. 13.21-30; 1 Co. 11.23-26) {14:12} El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? {14:13} Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, {14:14} y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? {14:15} Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. {14:16} Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. {14:17} Y cuando llegó la noche, vino él con los doce. {14:18} Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. {14:19} Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? {14:20} Él, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. {14:21} A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. {14:22} Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. {14:23} Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. {14:24} Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. {14:25} De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. {i14:26} Jesús anuncia la negación de Pedro (Mt. 26.30-35; Lc. 22.31-34; Jn. 13.36-38) {14:26} Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. {14:27} Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas. {14:28} Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. {14:29} Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. {14:30} Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. {14:31} Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. {i14:32} Jesús ora en Getsemaní (Mt. 26.36-46; Lc. 22.39-46) {14:32} Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. {14:33} Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. {14:34} Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. {14:35} Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. {14:36} Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú. {14:37} Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? {14:38} Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. {14:39} Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras. {14:40} Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle. {14:41} Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. {14:42} Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega. {i14:43} Arresto de Jesús (Mt. 26.47-56; Lc. 22.47-53; Jn. 18.2-11) {14:43} Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. {14:44} Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad. {14:45} Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó. {14:46} Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron. {14:47} Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja. {14:48} Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? {14:49} Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras. {14:50} Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. {i14:51} El joven que huyó {14:51} Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; {14:52} mas él, dejando la sábana, huyó desnudo. {i14:53} Jesús ante el concilio (Mt. 26.57-68; Lc. 22.54-55,63-71; Jn. 18.12-14,19-24) {14:53} Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas. {14:54} Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego. {14:55} Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban. {14:56} Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban. {14:57} Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: {14:58} Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano. {14:59} Pero ni aun así concordaban en el testimonio. {14:60} Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? {14:61} Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? {14:62} Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. {14:63} Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? {14:64} Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte. {14:65} Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas. {i14:66} Pedro niega a Jesús (Mt. 26.69-75; Lc. 22.55-62; Jn. 18.15-18,25-27) {14:66} Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; {14:67} y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. {14:68} Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo. {14:69} Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Éste es de ellos. {14:70} Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. {14:71} Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. {14:72} Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba. {i15:1} Jesús ante Pilato (Mt. 27.1-2,11-14; Lc. 23.1-5; Jn. 18.28-38) {15:1} Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. {15:2} Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. {15:3} Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. {15:4} Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. {15:5} Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. {i15:6} Jesús sentenciado a muerte (Mt. 27.15-31; Lc. 23.13-25; Jn. 18.38—19.16) {15:6} Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. {15:7} Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. {15:8} Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. {15:9} Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? {15:10} Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. {15:11} Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. {15:12} Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? {15:13} Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! {15:14} Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más: ¡Crucifícale! {15:15} Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. {15:16} Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. {15:17} Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, {15:18} comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! {15:19} Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. {15:20} Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. {i15:21} Crucifixión y muerte de Jesús (Mt. 27.32-56; Lc. 23.26-49; Jn. 19.17-30) {15:21} Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. {15:22} Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera. {15:23} Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. {15:24} Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. {15:25} Era la hora tercera cuando le crucificaron. {15:26} Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. {15:27} Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. {15:28} Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos. {15:29} Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, {15:30} sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. {15:31} De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. {15:32} El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban. {15:33} Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. {15:34} Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? {15:35} Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. {15:36} Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. {15:37} Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. {15:38} Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. {15:39} Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. {15:40} También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, {15:41} quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. {i15:42} Jesús es sepultado (Mt. 27.57-61; Lc. 23.50-56; Jn. 19.38-42) {15:42} Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, {15:43} José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. {15:44} Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. {15:45} E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, {15:46} el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. {15:47} Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían. {i16:1} La resurrección (Mt. 28.1-10; Lc. 24.1-12; Jn. 20.1-10) {16:1} Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. {16:2} Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. {16:3} Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? {16:4} Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. {16:5} Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. {16:6} Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. {16:7} Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. {16:8} Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo. {i16:9} Jesús se aparece a María Magdalena (Jn. 20.11-18) {16:9} Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. {16:10} Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. {16:11} Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. {i16:12} Jesús se aparece a dos de sus discípulos (Lc. 24.13-35) {16:12} Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. {16:13} Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. {i16:14} Jesús comisiona a los apóstoles (Mt. 28.16-20; Lc. 24.36-49; Jn. 20.19-23) {16:14} Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. {16:15} Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. {16:16} El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. {16:17} Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; {16:18} tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. {i16:19} La ascensión (Lc. 24.50-53) {16:19} Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. {16:20} Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.